Destinos
- 11 dic 2016
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Ahí estaba ella, al final de la colina, sentada mirando hacia la luna; su madre, una sacerdotisa la guiaba desde el otro mundo, su camino estaba marcado por las estrellas, sanar al mundo con su alma; ella siempre quizo ser guerrera, como su padre, pero el destino estaba escrito.
Estaba decida a pelear por sus sueños, hace algunos soles había conocido a un guerrero del cual se hizo amiga, lo veía casi a diario, fue entonces que le pidió ayuda para aprender a combatir, el la escuchó atentamente en su petición y lo comprendió todo, así que aceptó entrenarla.
Todos los días se veían en la colina para entrenar, el le enseñó a defenderse, luego a combatir, a hacer estrategias, y a entender las estrategias del enemigo, cuando ella estuvo preparada, se presentó en la milicia a tomar su derecho como hija de guerrero y entrar, al hacer la prueba de inicio, la fuerza de sus contrincantes fue mayor y no pudo superarlos, estaba decepcionada de sí misma, triste, su amigo el guerrero se acercó a ella, le tomó la mano y le dijo:
- "ya estás lista ", ella abrió los ojos con incredulidad y le respondió - "como puedo estar lista? si no superé la prueba " -ahora que sabes guerrear, como tu padre, sabrás sanar, como tu madre, es tu camino, sabes cómo pueden ser las heridas de cada arma, conoces el dolor de la batalla, entenderás mejor como sanar..."
Ella estaba confundida pero sabía que él tenía razón, a partir de ése momento los dos juntaron sus destinos, él enfrentaba las guerras y ella sanaba los cuerpos y almas de los heridos, las estrellas estaban en su lugar.

























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